Carlos Monsiváis

Periodista y cronista

La censura avasalla a los medios informativos: hay intimidaciones, sobornos y amenazas. Se insiste en lo adecuado del “correctivo para la violencia subversiva”. Los agentes judiciales decomisan fotos en los periódicos y los films de que tienen noticia. En los círculos oficiales, el alivio es palpable. Se les ganó la partida a los guerrilleros. Las víctimas reaparecen sin voz y casi sin imagen, como los culpables de todo. Quienes han apoyado al movimiento viven entre tensiones y sobresaltos.

A salto de mata, los voceros últimos del Consejo Nacional de Huelga carecen de tribunas y de poder de convocatoria. En diversos diarios y revistas ni pagando se aceptan los manifiestos de protesta o las refutaciones de la versión oficial.

 

 

Este mitin ocurre al cabo de una etapa de reiteraciones y desgaste del movimiento.

Vendedores de la revista “¿Por qué?” y de libros marxistas, niños y señores pasean, curiosos, atención intermitente a los discursos, vendedores de dulces y refrescos.

Todo entre ruinas prehispánicas… se nota un ir y venir de personas “no identificadas” o identificadas como sospechosos, con un pañuelo o un guante blanco en la mano izquierda; se concentran en escaleras, pasillos y entradas del Chihuahua.

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
25 de septiembre 9:00 am

En la colonia Lindavista es el velorio de Lorenzo Ríos Ojeda, de 20 años de edad, alumno de Biología, en el IPN, asesinado por un policía en la madrugada de antier, mientras hacía una pinta a favor del movimiento.

Hay un gentío en la calle, compañeros del muerto, familiares, vecinos. La madre, aturdida, habla a sus vecinos mientras dos o tres periodistas escriben y graban:

–Yo ya no entiendo nada, se los juro. Este muchacho no le hacía daño a nadie, era buen hijo, buen estudiante, muy callado, pacífico… creía en el movimiento estudiantil como todos sus amigos… había que oírlo, nos contaba por horas de sus asambleas y sus brigadas y las pintas. Así lo recuerdo, entusiasmado. Fíjense, es la única imagen de él que retengo, como que las otras ahorita las tengo borradas.

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
24 de septiembre 3:45 am

El Ejército ocupa el Casco con quince carros blindados, lanzagranadas y seiscientos efectivos. Un postrer enfrentamiento de máusers contra cohetones. En la Escuela de Medicina, en las planchas de operaciones y disección, hay muertos.

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
23 de septiembre 11:45 pm

En el Casco de Santo Tomás se intensifica la balacera; medio centenar de heridos y algunos muertos: Monsiváis

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
19 de septiembre 8:00 am

Les comparto la protesta de la Asamblea de Intelectuales y Artistas, redactada durante la madrugada de hoy:

Denunciamos el uso anticonstitucional del Ejército apoyando actos también anticonstitucionales (artículos 29 y 129); La suspensión de hecho de las garantías individuales (artículos 1, 9 y 29); la cesación de la autonomía universitaria; el ejercicio de medidas represivas en sustitución del diálogo democrático (artículo 8); la clausura oficial de todo proceso democrático en el país; la detención ilegal, arbitraria y totalmente anticonstitucional de funcionarios, investigadores, profesores, intelectuales, empleados, estudiantes y padres de familia, cuyo único delito era encontrarse en el centro de estudios en el momento en que fue ocupado por el ejército (artículos 1 y 29).

Demandamos a usted, como presidente de México y jefe natural del Ejército, el acatamiento irrestricto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
18 de septiembre 10:40 pm

Los detenidos, cerca de 300, se les obliga a colocar las manos detrás de la cabeza, tendidos en el suelo. Los solados aguardan con el fusil con la bayoneta calada. Algunos soldados van arriando la bandera nacional, todavía a media asta. En ese instante, los 300 capturados se levantan y cantan el himno nacional. Ya arriada la bandera, los soldados conminan: “¡Al suelo, al suelo!”. Todavía allí siguen cantando el himno.

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
18 de septiembre 10:15 pm

El Ejército invade Ciudad Universitaria, con carros de asalto blindados, camiones colmados de soldados.  Se desaloja de los edificios a estudiantes, padres de familia (convocados a una reunión), empleados. No hay resistencia. Deja de transmitir Radio Universidad. Lo último que se escucha es el disco de Voz Viva de México con León Felipe leyendo sus poemas.

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
15 de septiembre 6:05 pm

Ciudad Universitaria le da rienda suelta a su inexplorada vocación de kermesse, hay confeti y serpentinas y huevos de harina y mascaritas y una vivacidad alumbrada por el choteo y la gana de ver en cualquier pareja la reedición de la Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez y el patriota Ignacio Allende.

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
14 de septiembre 11:59 pm

Cerca de la medianoche, el cura ordena o autoriza el llamado a la acción: “Han venido a matar al sacerdote, a robarse nuestros santos. No creen en Dios. Son comunistas. Tenemos que defendernos, antes de que degüellen a nuestros hijos.

La lucha se precipita en pos de los jóvenes, y al linchamiento acude la mayoría de los seis mil habitantes del pueblo, con todo y viejos, mujeres y niños. Con hacha, machetes, palos, pistolas y escopetas ejecutan a tres excursionistas y al campesino que los hospedó. Los que se salvan le deben la vida a la llegada del ejército y la policía

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
14 de septiembre 11:58 pm

El día de hoy un grupo de excursionistas, empleados de la Universidad Autónoma de Puebla, llegó a Canoa en busca de hospedaje, ya que al día siguiente escalarían la montaña de La Malinche. Un campesino los alojó. Convencido de la maldad intrínseca de los estudiantes, , el cura del pueblo, Enrique Meza Pérez , deliberó su teoría de la conjura.

“Tenemos que estar alerta, porque un día de éstos llegará el diablo para implantar el comunismo”.

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
13 de septiembre 6:50 pm

La Manifestación del Silencio es el acto más elocuente del movimiento… cunde la solemnidad súbita. Un proyecto de nación se prueba a sí mismo con el esparadrapo en las bocas, los rostros “de presidium”.

200 o 300 mil manifestantes… se ciñen a dos propósitos: no aceptar las provocaciones…y acercarse a la poesía de las situaciones… (esta manifestación) es el clímax político y emocional del movimiento.

 

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
13 de septiembre 6:20 pm

Se organiza la “manifestación de las aceras”, que aplaude, incita al orgullo, arroja flores y confeti. Acuden madres de familia, casi todo el pueblo de Topilejo (este día, quien tiene aspecto de campesino parece de Topilejo), obreros, burócratas, lo que le resta a la ciudad de la vieja izquierda.

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
12 de septiembre 7:00 pm

A un enjambre de helicópteros se le encomendó la lluvia de volantes el día entero; algunos decían:

“Padre de familia.

Madre de familia.

Fuerzas oscuras tratan de dividirnos y llevarnos a una lucha fratricida. No permitas que tus hijos vayan a la manifestación de mañana. Se les quiere enfrentar con el ejército. ¡Salva sus vidas! ¡Que no salgan de casa!”

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
11 de septiembre 7:00 pm

Por la irresponsabilidad de un chofer y las pésimas condiciones de los autobuses, el 8 de septiembre se estrelló un camión de la línea México-Xochimilco. Diez muertos y 30 lesionados. El mismo día, mujeres de Topilejo organizaron el secuestro de autobuses para obligar al pago de indemnizaciones. En la plaza se reunieron topilejeños y campesinos de poblados cercanos. Lo que ha pasado todavía los estremece.

De luto se va en Topilejo a la rebelión. Se desconoce al comisariado ejidal y hoy los pobladores deciden apoyar a los estudiantes. Éstos les ofrecen apoyo jurídico y víveres. ¡Larga vida a la amistad eterna entre Topilejo y Ciudad Universitaria!.

Carlos Monsiváis
Periodista y cronista
6 de septiembre 5:00 pm

Respecto del movimiento estudiantil, el expresidente Miguel Alemán Valdés es diáfano en la nostalgia por la ideología de su sexenio. Entrevistado por Agustín Barrios Gómez para El Heraldo de México, dice:

“Si quienes deseamos que prevalezca la paz social en México no damos la batalla de frente al virus rojillo incrustado en nuestra sociedad, después habremos de lamentar las consecuencias. Las asociaciones civiles, los grupos de derecha, los sectores militantes del campo patronal deben integrar sus filas para desbaratar a la gran conjura de la izquierda recalcitrante”.

Los hechos recientes se desarrollaron así: se convoca a los burócratas a “desagraviar” la Bandera Nacional (“ultrajada”, según el gobierno, porque en el asta se colocó provocadoramente una insignia rojinegra de huelga).

Los acarreados protestan, los estudiantes aprovechan la oportunidad y se distribuyen en el Zócalo. La escena es extraordinaria: avanzan los tanques, unos estudiantes se tiran al suelo para obligarlos a detenerse, los tanques prosiguen y otros levantan a los activistas y se los llevan. Un puñado de jóvenes se enfrenta a los soldados y hay muertos.

El Movimiento dispone de sus “medios masivos”: las marchas, las asambleas, los mítines, los manifiestos y las brigadas. Por decirlo pronto, las marchas son espectaculares, anticipo notable de la vida ciudadana, la oportunidad para ejercitarse en el civismo recién descubierto; la mezcla logradísima de responsabilidad y relajamiento.

En las manifestaciones del 5 y 13 de agosto se afirman las razones de la actitud distinta, el comienzo de la generación del 68. Desfilar, llevar mantas y pancartas, vocear consignas, es hacer partícipe al pueblo del compromiso que legitima la disidencia. Nos golpean, nos insultan, nos calumnian, nos matan, y todavía pretenden que les aplaudamos. Y por eso tomamos la calle, nos lanzamos a la huelga, y te pedimos tu solidaridad, porque somos iguales a tus hijos, a tus vecinos, en todo caso somos tus semejantes.

El control para detener a los brigadistas nunca opera del todo,  pero es eficaz en su conjunto. En Jalisco la Federación de Estudiantes de Guadalajara exhibe su repertorio: intimidaciones, golpes, prohibición de mítines, declaraciones de lealtad al presidente.  La policía vigila aeropuertos y estaciones de autobuses para prohibirle el paso a los “rojillos”. Los enviados del CNH se dan por bien librados si regresan a la ciudad de México intactos. En demasiados lugares de provincia sucede lo mismo. La vigilancia policiaca es inmisericorde y eficaz. Con escasas excepciones, el 68 es un asunto de la capital, porque sólo allí la policía resulta inferior al poderío demográfico del estudiantado.

No se ha dado ningún acto de terrorismo. De rebeldía sí, no afín “a la doctrina del gobierno de la República”, y con instantes de violencia, pero sin armas de fuego. ¿De dónde entonces se nutre la teoría de la conjura?. De las suspicacias convertidas en certezas, de la irritación sin precedentes de la mentalidad autoritaria.

La modernidad del 68 se expresa a través de las brigadas de los estudiantes, el ánimo de las concentraciones, la disciplina gozosa de las marchas, el dinamismo del relajo, la combinación de solemnidad y estrépito, la simpatía por el rock (que es el diablo), el gusto en una minoría significativa por novelas y poemas leídos como profecías.

Integramos la mesa directiva de la Asamblea de Intelectuales, Escritores y Artistas en apoyo del Movimiento Estudiantil. Los elegidos somos Juan Rulfo, José Revueltas, Jaime Augusto Shelley, Manuel Felguérez, Jorge Mondragón y yo.

Rulfo asiste a las reuniones y marchas. Revueltas solicitó de inmediato ser el representante de la Asamblea ante el Comité Nacional de Huelga (CNH), y a los demás, a lado de un grupo de activistas generosos, entre los que destacan Nancy Cárdenas y René Villanueva, nos toca organizar los manifiestos, convocar a reuniones amplias, organizar los domingos lecturas de poemas y recitales de canciones.

En la explanada de Rectoría de Ciudad Universitaria hay premura y resentimiento… se presenta el rector Javier Barros Sierra y el ánimo se desborda. Una multitud tensa y respetuosa lo sigue, acompasada por gritos previsibles:

“¡Viva la Universidad!”

“¡Viva México!”

“¡Viva Barros Sierra!”

El rector pone la bandera nacional a media asta y el silencio es abrumador. En ese minuto, para los presentes, la UNAM hace las veces de nación.