Gilberto Guevara Niebla

Dirigente estudiantil de la Facultad de Ciencias de la UNAM

Después de la manifestación del 27 de agosto uno de los actos terroristas más preocupantes es el de esta madrugada:

“Los asaltantes fueron alededor de 70 individuos enmascarados, con aspecto militar… que estaban provistos de cascos blancos y metralletas. Llevaban radios portátiles y gritaban “¡Viva la FNET, viva el MURO!” al tiempo que disparaban contra el edificio y perseguían a sus ocupantes… los terroristas dejaron abandonada una bomba que no explotó, formada con petardos de dinamita”.

El accionar de la CIA puede constatarse en el comportamiento de algunos líderes extrañamente radicalizados.

El movimiento estudiantil era pacífico y legal, pero Sócrates Campos Lemus (quien presumía ser sobrino del general Alfonso Corona del Rosal), Sóstenes Torrecillas, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, hombres sin convicciones políticas que en un principio se ostentaron como priístas, llegaron a ser los más radicales.

Cuando el Consejo Nacional de Huelga se proponía el diálogo, ellos se oponían.

 

El Consejo Nacional de Huelga recibió comunicación telefónica de la Secretaría de Gobernación en el sentido de que acepta el debate público.

Por el mismo medio estamos estableciendo contacto con las personas designadas por el Gobierno Federal para tal efecto.

Al anunciarse una nueva manifestación, la Secretaría de Gobernación se ha apresurado a lanzar, por vez primera, un mensaje dirigido a los estudiantes en huelga.

¡Sorpresa! Es la primera vez que una instancia del Ejecutivo federal se dirige a los estudiantes que protestamos. La iniciativa es directamente de la oficina de prensa de Gobernación, cuyo titular, Luis Echeverría, lee ante periodistas un comunicado.

Juan Manuel Gutiérrez Vázquez, uno de los cinco profesores que Guillermo Massieu, director del IPN, designó como miembro de la Comisión Investigadora sobre los hechos violentos, declaró que él y sus compañeros no aceptaron formar esa comisión porque “el pliego” mandado por el regente Alfonso Corona del Rosal “es una maniobra para dividir” al Movimiento Estudiantil. En primer lugar, se la mandó al director del IPN y no al Consejo Nacional de Huelga, que es el auténtico representante. En segundo, “hay motivos para dudar de la integridad moral del señor Corona del Rosal”: no pueden creer en un funcionario que juró a la Constitución mexicana y que perversamente la violó al mandar reprimir a los estudiantes, y por ello piensan que le es más fácil violar las promesas que ahora hace. Además, “son mentiras las garantías individuales que ofrece, puesto que se persigue, se amenaza a los familiares y amigos de las víctimas asesinadas por el mismo señor y su camarilla, y por último porque la razón y la justicia están con el movimiento”.

El CNH convocó a una conferencia de prensa en la Voca 5. Por parte los estudiantes estuvimos presentes los líderes Eduardo Valle, Marcelino Perelló, Luis Cervantes Cabeza de Vaca, Jorge Mestas y yo. Cuando los periodistas solicitaron nuestros nombres nos negamos a proporcionarlos. ¿Por qué?. El pleno del CNH, absurdamente, así lo había dispuesto. En la sala se encontraban unos 30 periodistas, entre nacionales y extranjeros, qué desde sus butacas lanzaron algunas preguntas maliciosas, preguntas-dardos que cuestionaban el proceder de los estudiantes. Los delegados del Consejo ofrecimos respuestas un tanto retóricas que parecían estar dirigidas más a la masa estudiantil que se congregaba afuera del auditorio que a los periodistas.

Una brigada de la Facultad de Ciencias –encabezada por Salvador Martínez della Roca, El Pino– irrumpió en la Zona Rosa e improvisó un mitin desde un camión. Los estudiantes lograron atraer de inmediato la simpatía del público –formado en esa época, más que por turistas, por nacionales, empleados de alta escolaridad y altos ingresos– y reunieron centenares de personas: mucha gente se detuvo escuchar a los oradores y algunos transeúntes, incluso, tomaron la palabra para expresar su solidaridad con la causa estudiantil . Uno de esos fue el conocido locutor Paco Malgesto quien subió a la tribuna y manifestó su simpatía por el movimiento y, para apoyarlo, hizo una donación en efectivo.

En una reunión extraordinaria, el Consejo Universitario de la UNAM creó una comisión para formalizar las demandas universitarias ante el gobierno. Dichas demandas son las siguientes:

El respeto irrestricto a la autonomía universitaria y el reconocimiento de que la libertad de expresión es esencial para el cabal cumplimiento de las funciones que le son propias a todos los centros de educación superior. Respeto a las garantías individuales y sociales que consagra la Constitución. La no intervención del ejército y de otras fuerzas del orden público para la solución de problemas que son de la exclusiva competencia de la universidad y de otros centros de enseñanza superior. La reparación de los daños materiales sufridos por los planteles que fueron ocupados en días pasados por las fuerzas públicas, la investigación de los hechos ocurridos y la indemnización de las víctimas. La libertad los estudiantes presos con motivo de los últimos acontecimientos. Deslindamiento responsabilidades de las autoridades involucradas en los actos represivos de los últimos días y aplicación de sanciones a que haya lugar Limitación de las actividades de las fuerzas públicas… Y derogación de todas las leyes y artículos que en forma anticonstitucional limiten el ejercicio de los derechos políticos y las garantías individuales, en particular los artículos 145 y 145 bis del Código Penal, relativas al delito de disolución social.

8. La libertad de los ciudadanos presos por motivos políticos ideológicos.

Al salir de la reunión con el coronel Manuel Díaz Escobar, el dirigente de la FNET José Rosario Cebreros y sus amigos analizaron atropelladamente los alcances del compromiso que habían adquirido. Ninguno de ellos era asesino. Se sentían abrumados y molestos con ellos mismos por la actitud que habían guardado en la reunión. Nadie se había atrevido a decirle “no” al militar ni tampoco habían rechazado el paquete con dinero que les había entregado. ¿Por qué, sin embargo, habían aceptado el trato? Por miedo.

–Somos unos pendejos–, dijo Cebreros.

Detestaban a sus adversarios del CNH, pero de eso a ir a balacearlos y matarlos había un largo trecho (…)

Cebreros y compañía se vieron ante una difícil encrucijada: o apoyaban la iniciativa de quienes hasta el momento habían sido sus jefes políticos, o quedaban en el más completo aislamiento. Ante este dilema moral y político Cebreros y su grupo optaron por la solución más decente: negarse a participar en este criminal proyecto.

En la reunión que tuvo lugar en la casa de Alberto Camberos, director de la Vocacional 2, el coronel  Manuel Díaz Escobar, subdirector de Servicios Generales del DDF, propuso los líderes de la FNET el siguiente plan para atacar al Movimiento Estudiantil:

“–Atacar a balazos las principales escuelas del IPN ligadas a esos hijos de la chingada. ¿Cuáles son las escuelas más fuertes?

–ESIME, Economía, Ciencias Biológicas y Fisicomatemáticas.

–Correcto. El plan será este: el sábado a las ocho de la noche nos reuniremos frente al árbol de la noche triste. Ustedes vestirán de azul marino y nuestra gente va a portar en el brazo un listón rojo. Estará lista para obedecer lo que ustedes ordenen. A las 8:15 pasarán frente a ustedes dos camiones manejados por guardias presidenciales, que llevarán armas, pistolas y metralletas sobre la plataforma. Los camiones no se van a detener, sin embargo, avanzarán lentamente para que ustedes puedan abordarlos. Una vez arriba, ustedes toman a discreción las armas, que ya irán debidamente cargadas, y los vehículos se dirigirán a donde ustedes indiquen. A llegar deberán decir dónde se concentran los huelguistas. Lo demás corre por cuenta de ellos. ¿Alguna pregunta?

–¿Se trata de matarlos?

–Vaya pendejada ¿para qué cree usted que son las armas? ¿Para hacerles caricias a las muchachas?

–Disculpe…

–Pero entonces -terció alguien más-  nos meterán a la cárcel.

–Eso no va pasar. Nosotros les daremos protección. Por eso no se preocupen”.

En casa del ingeniero Alberto Camberos, director de la Vocacional 2, tuvo lugar una reunión extraña a la que asistieron los líderes de la FNET y varios funcionarios del DDF, encabezados por el coronel Manuel Díaz Escobar, subdirector de Servicios Generales del gobierno de la ciudad.

“Los hemos mandado llamar –dijo Díaz Escobar, dirigiéndose a los líderes de la Federación– para que nos ayuden a resolver el conflicto. Lo que necesitan estos cabrones del CNH es una lección: hay que partirles la madre. Pero en las actuales condiciones la policía no lo puede hacer: es necesario que lo haga un grupo civil. Tenemos a 200 personas preparadas, jóvenes barrenderos y pandilleros de Santa Julia, Tláhuac, Ecatepec y Nezahualcóyotl, decididos a todo. Ellos actuarán, pero ustedes los van a guiar.

–¿Cómo, coronel? ¿Quiere explicarnos mejor?

–Tan claro como esto. Si están de acuerdo, para empezar, les entregamos esto –y sacó de su  portafolio un bulto que entregó a José Rosario Cebreros, líder de la FNET–. Son 25 mil pesos. Esto es sólo el comienzo. Al terminar el asunto les daremos 100 mil, ¿cómo ven?

El día de ayer sí llegamos a temer un choque entre las dos manifestaciones, la nuestra y la del FNET, pero eso no ocurrió por la sencilla razón de que nuestra columna fue de no menos de 50 mil estudiantes, mientras que la de la FNET probablemente aglutinó a 800.

El movimiento estudiantil ha dado un paso adelante: lo más significativo de este mitin ha sido la unidad entre los estudiantes.

 

En la salida de Zacatenco, junto al auditorio que se le conoce como “El Queso”, los simpatizantes de la FNET están silenciosos, como avergonzados y apretándose unos contra otros.

Por nuestra parte, hemos tardado menos de media hora en salir del punto de partida. Los contingentes traemos cuerdas que sostenemos con las manos.

En uno traen una manta en la que aparece la sombra de un estudiante caído, y la palabra “NO” en grande. Detrás vienen otros contingentes, alternando una escuela politécnica con una universitaria.

Algunos alumnos de los contingentes de Economía y Ciencias Políticas, mientras la columna doblaba por Félix Cuevas, comenzaron a gritar “¡Zócalo, Zócalo!” al mismo tiempo que empujaban tratando de romper el cordón de seguridad. Los alumnos de ingeniería que iban en el frente de la manifestación llegaron corriendo a apoyar e impidieron que la columna se fracturara.

Un grupo de militares irrumpió en el auditorio de la Unidad Artística y Cultural del Bosque cuando se realizaba una asamblea de alumnos de la Escuela de Arte Dramático del Instituto  Nacional de Bellas (INBA). 73 personas, entre alumnos y maestros, incluyendo el director José Solé, fueron heridos, detenidos y conducidos a la jefatura de policía para ser interrogados.

Los agentes declararon que presumían la presencia de conspiradores comunistas. Pensaban igualmente que iban a encontrar armas o propaganda dentro del auditorio, pero no había nada. Dos horas después, los detenidos fueron liberados.

Por lo visto, las autoridades militares intentar reparar su error apresurando la retirada de las tropas de los locales universitarios: algunos militares de alta graduación han entregado ‘simbólicamente’ los locales de las preparatorias 1,2 y 3, aunque la zona sigue resguardada por un cordón de soldados.

Por otra parte, el rector de la UNAM anunció que mañana, a las once de la mañana, tendrá lugar un mitin en la explanada de Ciudad Universitaria.

Una hora después del bazucazo una operación semejante se repitió frente a la plaza de la Ciudadela, en las instalaciones de la Vocacional 5. Los estudiantes salieron uno a uno manteniendo las manos sobre la nuca… eran 125, el grupo más numeroso que el ejército capturó esa noche.

La operación militar no se detuvo en una acción adicional que sorprendió a todo el mundo por su absoluta falta de sentido: los militares intervinieron en la Preparatoria 5, ubicada en Coapa, a 10 kilómetros del centro la ciudad, y cuyos estudiantes no habían tenido ninguna participación en el conflicto hasta ese momento.

¡La violencia ha estallado de nueva cuenta! La detonó la brutal represión de policías al grupo de estudiantes que hace un par de horas intentaron alcanzar el Zócalo; también los choques cerca de las preparatorias 1, 2 y 3.

Frente a las instalaciones de la Voca 5, alumnos lanzaron bombas molotov a un auto de la policía, que no tardó en incendiarse. En este lugar los politécnicos secuestraron camiones y formaron barricadas alrededor de la escuela.

¿Por qué se pide la derogación del artículo 145 constitucional? Porque exsite el antecedente, nunca olvidado, de que en el movimiento politécnico de 56, los líderes estudiantiles fueron encarcelados durante dos años, acusados por el delito de disolución social, sin que, por cierto, nadie los fumara en ese tiempo.

Genaro Alanís, líder estudiantil de la Vocacional 5, está detenido.

Esta mañana asistió acompañado de cinco estudiantes a las oficinas de Alfonso Corona del Rosal, quien gobierna la ciudad, para exponer las quejas y reclamos del estudiantado.

En la recepción les pidieron sus datos y entraron a una antesala, pero media hora después un grupo de hombres se lanzó sobre ellos y fueron llevados a la jefatura de la policía.

La represión contra los estudiantes el día de ayer fue brutal. Murió un compañero de Comercio, de la UNAM, a causa de un traumatismo producido por la golpiza, aunque policía y autoridades tratan de ocultarlo. También murió otro estudiante en la Universidad La Salle. No sabemos si hubo más muertos, pero sí decenas de heridos y centenares de detenidos.

El saldo oficial de la jornada incluyó doscientos detenidos, cincuenta lesionados –entre ellos cinco agentes– que ameritaron atención médica, y numerosos destrozos: daños en locales comerciales y varios autobuses incendiados.  Esa misma noche corrió el rumor de que la refriega había dejado varios muertos. Se afirmó, por ejemplo, que un estudiante de Comercio de la UNAM, Federico de la O. García, había fallecido a consecuencia de “traumatismo cráneo-encefálico”; se dijo, asimismo, que el alumno de una escuela tecnológica, Arturo Colín, y una joven de diecisiete años, estudiante de la Universidad La Salle, de nombre María Elena, habían corrido la misma suerte;  y llegó a mencionarse que el joven Mario Rivero, de 17 años, había sufrido una fractura en la espina dorsal.

A no menos de un kilómetro del teatro principal  de los acontecimientos –en la esquina de Licenciado Verdad y Guatemala-, acababa de terminar un concierto de rock realizado en el patio de la Preparatoria 2 de la UNAM, y los alumnos del turno nocturno empezaban a abandonar el recinto  cuando, de pronto, varios contingentes de granaderos los atacaron.