Jaime García Reyes

Dirigente estudiantil de la Escuela Superior de Economía del IPN

Los estudiantes mantuvieron a raya a los policías entre 6 y 10 de la noche cuando, agotado el parque, se inicia la retirada por la puerta trasera.

 

Para el 23 de septiembre las escuelas se habían convertido para muchos de nosotros en nuestras casas, sobre todo a los que veníamos de provincia. Comíamos y dormíamos. Todo giraba en torno a las escuelas. Llegaban estudiantes a las cafeterías, convertidas en comedores; no sólo los de guardia, todos, y el lumpen y gente que llegaba. Además, provisiones de todos lados. Siempre teníamos comida en abundancia.

Desorganizados, llegamos al Hemiciclo a Juárez y en ese momento se dejó venir la policía civil, encabezada por el jefe policiaco Raúl Mendiola Cerecero, con la idea de meterse entre nosotros, dar pequeños golpes y desbaratar la manifestación. Pero en cuanto los tuvimos a tiro los apedreamos.

Casi llegando al Zócalo, en Palma, los granaderos nos hicieron sándwich. Nos pegaron a muchos. Nos reorganizamos.  En el camino algunos compañeros sacaron las alcantarillas, que antes eran de concreto, las estrellaron contra el piso y nos proveyeron de piedras.

La marcha de la FNET para protestar tibiamente por la agresión de los granaderos en días anteriores se les volteó en La Plaza del Carillón, en el Casco de Santo Tomás. Los opositores de la FNET nos apoderamos del sonido que ellos mismos habían llevado. En ese momento pudimos contar con unas fuerzas más y organizarnos. Salimos con la pretensión de ir hasta el Zócalo. Caminamos unas dos cuadras hasta la calle de Nogal o de Fresno. Tomamos autobuses. Nos bajamos en el Panteón de San Fernando y desde ahí iniciamos nuestra marcha independiente. En la Torre Latinoamericana coincidimos con una marcha que había organizado la CNED en apoyo a la Revolución Cubana. Ahí nos marcaron una línea para que ellos se dirigieran al Hemiciclo a Juárez y nosotros tuvimos que meternos por la calle de Madero