Luis González de Alba

Dirigente estudiantil de la FFyL, UNAM

Antes de la medianoche nos sacaron a todos de las celdas y nos reunieron con el general. Nos trasladaban a la cárcel de Lecumberri, informó éste. Yo sólo había visto a Sócrates –quien tenía su celda abierta– cuando me llevaban escoltado al baño. Había oído que estaba Guevara porque una noche escuché que lo golpeaban por haberse cambiado el nombre.

Por primera vez desde nuestra detención nos veíamos, podíamos hablar, abrazarnos; que si no hubiéramos ido, que si seríamos todos los aprehendidos o habría más; dónde habíamos estado cuando cayó la bengala… en varios autos sin insignias, con una fuerte escolta de hombres armados de metralletas, fuimos conducidos a Lecumberri.

La secretaria encargada de levantar el acta no transcribía directamente mis palabras, sino el texto que le dictaba el agente del Ministerio Público, quien constantemente añadía de su propia cosecha.

¿Miembros de la Coalición de Maestros? sólo conocía a dos: Heberto Castillo y Eli de Gortari; sí, el CNH tenía relaciones con la Coalición; conocía de vista a Heberto y a de Gortari; no, al doctor Fausto Trejo no lo conocía, sí había oído hablar de él; conocía a Pablo Gómez porque era presidente de la Sociedad de Alumnos de Economía en el mismo periodo en que yo lo fui de Filosofía; conocía a Gilberto Guevara porque dirigía una revista; sí, el último era miembro del Consejo, el primero no; ¡Qué!, ¿columnas de seguridad al servicio del CNH? ¡nunca había oído algo semejante!

Ante el juez declaré que todos nuestros actos habían sido perfectamente legales y públicos. Me pareció absurdo negar algunos hechos: Sí, yo era miembro del CNH; era el único delegado de Filosofía (éramos tres por escuela); ¿cuántos?, el CNH tenía más de 200 miembros que nombraban las escuelas; ¿mi función?, plantear ante el CNH los acuerdos tomados por la asamblea de Filosofía y ante ésta los acuerdos del CNH.

El nombre del auditorio Justo Sierra se había sustituido por el de Che Guevara por acuerdo de asamblea; no, yo no lo había cambiado, lo había cambiado la escuela, en esa asamblea había como ochocientos alumnos; sí, yo había estado de acuerdo en el cambio; ¡Ah! ¡Y por qué!, porque el Che me parecía un símbolo del hombre nuevo; qué quería decir con eso. No lo hubiera dicho, pensé; pues nada, ninguna otra cosa: simplemente un símbolo del hombre nuevo.

En la reunión con los representantes del presidente Díaz Ordaz, yo iniciaba una respuesta a lo dicho por Jorge De La Vega, molesto por sus palabras y por toda su actitud, cuando interrumpió Guevara: No responderíamos a lo dicho por De la Vega, en lo cual yo estuve de acuerdo; pero sí a Caso. Aquí no estábamos reunidos para ser amigos, dijo Gilberto; ya nos conocíamos muy bien, ellos representaban al gobierno y nosotros al CNH, no había más. Caso pareció un poco desconcertado, pero Jorge de la Vega se apresuró a aprobar completamente lo dicho por Guevara. Estaba muy bien, decía, estaban puestos los puntos sobre las íes y ahora hablaríamos sin rodeos (…) Los representantes presidenciales pedían una nueva reunión para el día siguiente.

 

Caso habló de la amistad que debiera existir entre nosotros y de futuras pláticas en las que las relaciones serían más cordiales. Al terminar Caso habló Jorge de la Vega: se lanzó directamente contra el único procedimiento aceptado por el CNH para resolver las demandas formuladas al gobierno; esto es, el diálogo público. Dijo que el gobierno estaba en completo desacuerdo y no iría nunca a un “circo romano” como el que pedíamos. Le parecía evidente que tal petición no se hacía de buena fe, sino para llevar al gobierno a una trampa donde se le pediría una exhibición. Su respuesta tajante fue que el gobierno no podía aceptar condiciones de ninguna especie.

Le hicimos saber que tampoco el Consejo podía aceptar un diálogo con el gobierno en las circunstancias que ya conocíamos, pues sería tanto como permitir el imperio de la fuerza sobre la razón.

A los diez minutos de iniciada la entrevista, De la Vega expresó lo que nosotros estábamos pensando desde que escuchamos su respuesta: muy bien, entonces no tenía sentido seguir hablando.

 

En la reunión en la casa del rector Javier Barros Sierra, Andrés Caso hablaba mucho de pronta solución al conflicto, de diálogo con el gobierno, de buena voluntad, de que durante meses los malentendidos y otras circunstancias desfavorables habían impedido un acercamiento como el que ahora teníamos.

Sentados frente a mí, en un mismo sofá, Guevara y Muñoz escuchaban las palabras de Caso.

Dijimos que sólo habíamos ido para plantear las tres condiciones previas exigidas por el CNH para entablar un diálogo posterior. Dimos a conocer las condiciones y esperamos. Jorge de la Vega Domínguez había escuchado las demandas del CNH sin alterar en nada la expresión de los fríos ojos azules con que nos observaba. En cambio Caso manifestó cierta inquietud que expresaba con movimientos sobre el asiento y rápidas miradas a su compañero y a nosotros.

Varios dirigentes del CNH han sido perseguidos y detenidos. Hoy arrestaron a Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, delegado por Chapingo.

La casa donde se encontraba fue rodeada por agentes de la Dirección Federal de Seguridad; él no vive en la casa, sino en un ala de la construcción. Sólo Ayax Segura conoce la dirección y ese detalle sobre su alojamiento.

Los agentes se dirigieron al sitio exacto donde debía estar Cabeza de Vaca, pero estaba comiendo en el interior de la casa.

Lo detuvieron junto con otros dos muchachos, familiares de quienes lo hospedan.

Salían policías con metralleta hasta de los maizales que rodean la casa, la cual se encuentra en las afueras de la ciudad. Fue arrestado con todo este aparato de seguridad.

En la reunión con el rector Javier Barros, le hemos pedido que retire su renuncia y ofrecimos el apoyo del CNH.

Es una de las más sinceras entrevistas que hemos tenido con él; le dijimos que no tiene sentido hacer consesiones al gobierno, como las que había hecho al hablar de “gentes extrañas en la universidad”… pues esos que llamó extraños, los politécnicos, han estado en las calles todos los días, luchando con los universitarios para sostenerlo en la rectoría.

El rector, emocionado, dijo que en caso de retirar su renuncia lo haría con una condición: que se permitieran las actividades administrativas de la Universidad, entregando para tal efecto las oficinas y direcciones tomadas.

Después de la toma del Casco de Santo Tomás varios dirigentes del CNH han sido perseguidos.

Jorge Peña acaba de ser detenido. Se encontraba en un departamento esperando a Ayax Segura –persona en la que ya nadie confía mucho–, quien tenía que estar ahí a las seis de la tarde, pero no llegó.

Peña fue aprehendido a las nueve, cuando estaba acompañado sólo por un muchacho de 15 años (hermano del dueño del departamento);después de desordenar el lugar en busca de armas y dinero, los agentes los condujeron a los separos de la Dirección Federal de Seguridad para interrogarlos.

 

Los golpes habían sucedido uno tras otro, ya había compañeros desaparecidos, muchos encarcelados, las asambleas disminuían, muchos desertaban, había tanques y bayonetas en donde quiera, ya había sucedido lo del Casco de Santo Tomás, los estudiantes llevaban a sus heridos a la Escuela Superior de Medicina para que no se los arrebataran y desaparecieran los granaderos y soldados. Ese día me entró la murria (…) Ese día sentí derrumbarse las áreas de mi vida que en los últimos años habían sido más importantes.

Algunos miembros del Comité de Lucha de Filosofía y Letras, reunidos en una casa particular, fuimos informados de la determinación del rector. El rector ya tiene el texto de su renuncia. A pesar de que el informe procede de una fuente respetable dudamos de que el rector se vea obligado a tomar esa determinación.

Las balas atraviesan fácilmente las paredes, hechas de material plástico. Con descargas de gases son bombardeados los edificios cercanos. Los habitantes de la unidad responden a los atacantes: las mujeres calientan agua que arrojan hirviendo desde las ventanas, en las calles vecinas varios vehículos del DDF son incendiados.

Hace unos minutos empezó un encuentro entre estudiantes y granaderos en las cercanías de la vocacional 7, situada en la Unidad Habitacional de Tlatelolco.

Hay intercambio de piedras y bombas molotov contra gases lacrimógenos y armas de fuego. Llegaron nuevos refuerzos para los granaderos y los estudiantes tuvieron que refugiarse en los departamentos cercanos. La población de Tlatelolco ya en otras ocasiones ha prestado ayuda y volvieron a darla.

El secretario de Agricultura se presentó en las instalaciones del Plan Chapingo seguido por una comitiva de funcionarios y, tras rasgar la bandera de huelga colocada en la puerta principal, exigió a los alumnos que entregaran el plantel. En las afueras se detuvieron dos autobuses de pasajeros y una camioneta llenos de agentes de la policía con armas automáticas. Los alumnos respondieron que no entregarían la escuela sin tomar el parecer de todos los alumnos en una asamblea. El secretario y su comitiva estuvieron de acuerdo en esperar a que José Tayde Aburto, delegado por Chapingo ante el CNH, citara a la asamblea. A unas horas de ocupada la Ciudad Universitaria, los alumnos de Chapingo decidieron entregar su escuela pacíficamente. Bajo la mirada de los ocupantes de los autobuses, cuyas armas estaban a la vista, los representantes estudiantiles hicieron entrega de la Escuela Nacional de Agricultura.

 

En la explanada de la Rectoría fueron detenidos cerca de 100 compañeros que llevaban una bandera nacional. Cuando se vieron cercados por la tropa levantaron las manos, haciendo la V, y empezaron a cantar el Himno Nacional. Algunas autoridades universitarias también fueron aprehendidas. Se puede citar principalmente a la directora de la Escuela Nacional de Economía, Ifigenia de Navarrete; al director de Publicaciones, Rafael Moreno; y al director del Departamento de Servicios Sociales, Julio González Tejada. Con ellos fueron encarcelados los sinodales de un examen profesional, el examinado y sus familiares. Gran cantidad de padres de familia que celebraban una reunión en otro auditorio de Medicina, mozos, secretarias, maestros, empleados y, por supuesto, alumnos.

Cuando ya estaban en las puertas de la UNAM los primeros tanques un muchacho corrió hasta el auditorio de Medicina y, pasando por encima de los cuates que le exigían su pase de delegado, entró hasta la sala de sesiones e hizo el anuncio estrepitosamente. El Consejo entero se indignó: “¡Bastante molesto es empezar la noche con sólo unos cuantos delegados para que, además, ni siquiera se pueda trabajar en paz y sin interrupciones!”. El mensajero salió estupefacto. Los delegados siguieron hablando pinchemil cosas. Diez minutos más tarde entró otro compañero quien con toda calma informó:

–Aquí abajo, en el estacionamiento de la Facultad, se están acomodando los tanques y los transportes ligeros de los paracaidistas.  Si quieren salir, apúrense, yo ya me voy…

 

Como en todo 15 de septiembre, se veía sobresalir a los vendedores de banderas y a los de algodón de azúcar entre la multitud. Los compañeros que atendían las cafeterías expropiadas desde agosto se apresuraron a hacer la competencia a las buenas mujeres que instalaron su brasero al pie del cubo de lámina.

Es la noche del “grito” de Independencia que se celebra en todo el país, pero esta vez se ha convertido en algo muy diferente para nosotros.

Ninguna manifestación me ha llegado tanto. Siento un nudo en la garganta y aprieto fuertemente los dientes.

Con nuestros pasos vengamos, en cierta forma, a Jaramillo, a su mujer embarazada, asesinados; a sus hijos muertos. Vengamos tantos años de crímenes a mansalva, silenciados, tipo gángster.

 

Ante la imposibilidad de hablar y gritar como en otras ocasiones, al oír por primera vez claramente los aplausos y voces de aliento de las gruesas vallas humanas que se nos unen, surgió un símbolo… la V de “venceremos”, hecha con los dedos, formada con los contingentes en marcha.

Gráfica del 68. “Stickers”
Archivo PROCESOFOTO

Sólo se oyen pasos, pasos sobre el asfalto. El ruido de muchos pies que marcha, el ruido de miles de pies que avanza.

El silencio es más impresionante que la multitud. Parece que vamos pisoteando toda la verborrea de los políticos, todos sus discursos –siempre los mismos–, toda la demagogia, la retórica, el montonal de palabras que los hechos jamás respaldan, el chorro de mentiras, las vamos abriendo bajo nuestros pies.

Salimos apenas del Bosque de Chapultepec, hemos caminado sólo unas cuadras y las filas de la manifestación comienzan a engrosarse.

Todo el Paseo de la Reforma, banquetas, camellones, monumentos y hasta los árboles están cubiertos por una multitud que a lo largo de 100 metros duplica inicial.

Para hacer esta manifestación, en el CNH hemos discutido muchísimo.

Unos delegados decían que no puede ser silenciosa, porque le quita combatividad. Otros, que nadie guardará silencio.

¿Quién se siente capaz de controlar y llevar callados a varios cientos de miles de muchachos escandalosos acostumbrados a cantar, gritar y echar porras en cada manifestación? ¡Es una tarea imposible y si no lo logramos el CNH mostrará debilidad!

Por eso los más jóvenes llevan esparadrapo en la boca. Ellos mismos lo eligieron: los unos a los otros se ponen tela adhesiva sobre los labios para asegurar su silencio.

Dijimos: “Si alguno falla, fallamos todos”.

Hace unos momentos los burócratas fueron convocados a una ceremonia de purificación cívica (a desagraviar la bandera porque en el asta se colocó la bandera rojinegra). No opusieron resistencia, pero salieron de los ministerios y oficinas públicas al grito de “Somos borregos”, “Nos llevan, somos borregos, bee, bee”. Así expresaron su apoyo al Movimiento Estudiantil

Se concentraron en el Zócalo, en torno al asta central. Algunos brigadistas repartían volantes. El mitin comenzó, pero no era el programado: se pedía la salida de los presos políticos, la destitución de los jefes de policía, la desaparición del cuerpo de granaderos.

 

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Esta madrugada, aproximadamente las 2:00 a.m., el ejército desalojó las guardias. Se escuchó por los altavoces de Palacio la orden para levantar y abandonar el Zócalo. Las guardias no se movieron.

Pasados unos minutos se escuchó un nuevo aviso y en seguida se abrieron las puertas de Palacio Nacional. Del interior salieron tanques que desalojaron por la fuerza a las guardias. ¡A CU!, ¡a CU!, gritaron de un auto que pasó a mayor velocidad. Todos doblamos por Insurgentes hacia el sur y no paramos hasta llegar a CU.