Marcelino Perelló

Dirigente estudiantil de la Juventud Comunista de México

En conferencia de prensa en Casa del Lago:

El CNH, y yo en particular, considera como único responsable de la masacre al gobierno federal. La forma en como acontecieron los sucesos de Tlatelolco no quiere decir de ninguna manera que el ejército no estaba allí para reprimir al estudiantado, independientemente de la lucha de facciones dentro del mismo gobierno, quienes provocaron centenares de muertes.

Cuando llegué a CU tuve una impresión horrible: aquello era un desierto. No había nadie. En mitad del campus universitario se alzaba un enorme y solitario cohete espacial instalado para una exposición. Lo imaginé como un gran falo, símbolo del movimiento (…) Subí a la rectoría. Desde las ventanas, el panorama era desolador: soledad y silencio. Mandé a mis dos acompañantes a recorrer toda la universidad. Y en toda CU encontramos sólo a cuatro personas. Éramos siete por todos, tres de ellos miembros del CNH: Roberto Escudero, Mario Núñez y yo.

El gobierno había propuesto una modalidad de diálogo público: darle a las pláticas privadas publicidad en los periódicos. Cuando estábamos redactando la respuesta afirmativa para someterla al Consejo Nacional de Huelga, me avisaron por teléfono que el Ejército se dirigía a CU.

Ocurrió la desbandada. Con varios amigos evitamos a los soldados, que por poco nos balean, y huimos hacia los pedregales.  Iba apoyado en dos amigos. Fue una jornada terrible, entre las hierbas, las espinas y la oscuridad. Por ahí encontramos a Heberto Castillo, que también escapaba, pero luego se nos perdió. Salimos hacia Copilco. Llegamos a una calle, a otra, a otra. Ahí acabe por chingarme los pies, y para siempre. De pronto vimos que se acercaba un camión militar. Sólo mi amigo Bonfilio se quedó quieto con asombrosa sangre fría. ¡Les pidió aventón a los soldados!. Claro, no se pararon: nos salvamos.

No aceptamos diálogos privados, por lo que algunos líderes declinamos la invitación de conversar con un alto funcionario del gobierno.

Las demandas del Consejo se pueden solucionar de muchas formas, aunque ello no ocurra inmediatamente. Por ejemplo, la desaparición del cuerpo de Granaderos puede tener una solución para dentro de dos meses.

El movimiento debe terminar pronto, ya que hay grupos terroristas plenamente identificados que podrían tratar de estorbar los actos por los Juegos Olímpicos. El Consejo Nacional de Huelga los está frenando.

 

 

Hoy,  a nombre del Consejo Nacional de Huelga, le envíe una carta al presidente de la República.

La comparto:

Sr. Lic. Gustavo Díaz Ordaz

Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos

PRESENTE

Atentamente el Consejo Nacional de Huelga se dirige a usted para, en base al artículo octavo de nuestra Constitución Política, pedirle la realización de un diálogo público, que lleve a la solución definitiva del conflicto que nuestro pliego petitorio y la huelga nacional estudiantil con que lo respaldamos, ha planteado.

Nos permitimos recordarle que el compromiso contraído por nuestra patria al organizar los XIX Juegos Olímpicos, nos obliga a ambas partes a acelerar la resolución definitiva del problema para poder llevar a cabo con éxito que todos esperamos el evento deportivo y cultural más importante del mundo.

En este sentido, y sin más por el momento, esperamos una respuesta a breve plazo a nuestra petición.

México, D.F., a 10 de septiembre de 1968.

Respetuosamente, por el Consejo Nacional de Huelga, Marcelino Perelló Valls.

Los más indignados son los politécnicos. Ellos no saben qué quieren. Realizan mítines en las calles. Sus reuniones se caracterizan por la indignación.