15 de agosto

Al salir de la reunión con el coronel Manuel Díaz Escobar, el dirigente de la FNET José Rosario Cebreros y sus amigos analizaron atropelladamente los alcances del compromiso que habían adquirido. Ninguno de ellos era asesino. Se sentían abrumados y molestos con ellos mismos por la actitud que habían guardado en la reunión. Nadie se había atrevido a decirle “no” al militar ni tampoco habían rechazado el paquete con dinero que les había entregado. ¿Por qué, sin embargo, habían aceptado el trato? Por miedo.

–Somos unos pendejo -, dijo Cebreros.

Detestaban a sus adversarios del CNH, pero de eso a ir a balacearlos y matarlos había un largo trecho (…)

Cebreros y compañía se vieron ante una difícil encrucijada: o apoyaban la iniciativa de quienes hasta el momento habían sido sus jefes políticos, o quedaban en el más completo aislamiento. Ante este dilema moral y político Cebreros y su grupo optaron por la solución más decente: negarse a participar en este criminal proyecto.