12 de octubre

Al salir de la reunión con el coronel Manuel Díaz Escobar, el dirigente de la FNET José Rosario Cebreros y sus amigos analizaron atropelladamente los alcances del compromiso que habían adquirido. Ninguno de ellos era asesino. Se sentían abrumados y molestos con ellos mismos por la actitud que habían guardado en la reunión. Nadie se había atrevido a decirle “no” al militar ni tampoco habían rechazado el paquete con dinero que les había entregado. ¿Por qué, sin embargo, habían aceptado el trato? Por miedo.

–Somos unos pendejos–, dijo Cebreros.

Detestaban a sus adversarios del CNH, pero de eso a ir a balacearlos y matarlos había un largo trecho (…)

Cebreros y compañía se vieron ante una difícil encrucijada: o apoyaban la iniciativa de quienes hasta el momento habían sido sus jefes políticos, o quedaban en el más completo aislamiento. Ante este dilema moral y político Cebreros y su grupo optaron por la solución más decente: negarse a participar en este criminal proyecto.