12 de octubre

La represión del movimiento, y en especial en contra de sus dirigentes, no sólo era previsible, era una realidad presente que todo mundo tenía que considerar. De hecho, casi todos vivíamos en condiciones clandestinas y de seguridad porque nuestros domicilios no sólo eran vigilados, también fueron varias veces allanados y cateados con la intención de detenernos. Pero lo que definitivamente no estaba considerado por parte de ninguno de nosotros era la magnitud de la represión desatada en Tlatelolco, porque siempre es difícil imaginar una agresión peor de la que se conoce.