12 de octubre

Oímos los gritos de los estudiantes cuando los golpean y los gritos de los soldados: “¡Agáchense, cabrón! ¡Las manos sobre la nuca! ¡Agáchense, hijo de la chingada! Y ¡Batallón Olimpia! ¡Batallón Olimpia!”.

Advertimos que están desalojando uno a uno los departamentos.

Ante la evidencia de que seremos detenidos me deshago de mi credencial de estudiante, colocándola en una ranura en la pared. Me guardo 100 pesos que traigo en el calcetín del pie izquierdo.

Súbitamente, los soldados llegan a nuestra puerta y golpean con la culatada de un rifle:

“¡Abran! ¡Abran, hijos de la chingada! ¡Si no abren, vamos a tirar la puerta!”

Anselmo se adelanta y abre la puerta. Los demás estamos petrificados.

Los soldados, armados con ametralladoras que nos apuntan, dicen: “¡A ver, cabrones! ¿Traen armas?”

-No, no.