12 de octubre

Con la cara descompuesta, silencioso, veo entrar a otros compañeros del CNH, como Félix Gamundi, Eduardo Valle y Pablo Gómez.

Nos hacen salir del edificio Chihuahua por su parte trasera. Afuera hay miles de soldados que, entre otras cosas, forman una doble columna que se extiende desde la salida del edificio hasta la calle Manuel González (unos cien metros). A cada estudiante nos hacen pasar en medio de ella, y en el trayecto nos gritan, nos escupen, nos golpean; entierran la punta de su bayoneta, nos ponen zancadillas y ya en el suelo nos patean e insultan:

–¡Hijo de la chingada! ¡Pinche comunista! ¡Hijo de puta! ¡Maricón!

Jamás imaginé que al asomarme afuera del edificio Chihuahua vistiendo el suéter que había usado el maestro ceremonias del mitin, Anselmo, me confundieran con él.

-¡Ese es el líder! ¡Ese es el que dirigió el mitin!