12 de octubre

Logré salir de la Plaza con un grupo de personas, entre las cuales había varios heridos. Nos escondimos en una parte. Cortamos jirones de camisetas para usarlos como torniquetes. Luego corrí a mi hotel. Quería dictar por teléfono una breve crónica en caliente. Pensé que me alcanzaba el tiempo para que saliera en la edición del día siguiente. Luego hablé con unos colegas que no estaban al tanto de lo que estaba pasando. No me creían. Los llevé a la plaza. Ya no se oían ráfagas, sino tiros esporádicos. Había muchos vehículos blindados, militares por todos lados y hombres vestidos de civil con un guante blanco. A lo lejos nos dimos cuenta de que se llevaban a jóvenes con las manos en alto. Los empujaban a camiones militares.